La remuneración del traductor

16240531765_37d8a13748_oEn la vida del traductor, es muy frecuente encontrarse con caras o expresiones de sorpresa cuando el traductor presenta una cotización por su trabajo. A veces pareciera como si cualquier honorario fuera excesivo, ya que en el imaginario popular, cualquiera que más o menos sepa idiomas podría hacer el trabajo en dos minutos. Dada esta presión – sobre todo de los empresarios inescrupulosos que quieren reducir gastos a cualquier costo, o de algunas agencias que pretenden maximizar ganancias a costa del traductor- algunos traductores terminan cobrando poco por su trabajo, lo que lamentablemente termina haciendo un daño enorme a la profesión.

Pero ¿cuánto debería ganar un traductor?

Para ilustrar la situación, voy a dar un ejemplo absurdo. Supongamos que a un empresario loco se le ocurre contratar a una persona  para que durante 8 horas por día presione las teclas de la computadora de manera aleatoria mientras mira el techo. ¿Cuánto debería ganar esa persona? Bueno, hay leyes laborales que establecen cuál es el salario mínimo que le permita satisfacer sus necesidades básicas. Además tiene derecho a que se le realicen los aportes jubilatorios y a tener una obra social. Tiene derecho a gozar de vacaciones pagas y a un aguinaldo. ¿Pero por qué, si la tarea que realiza es absurda e improductiva? Bueno, los derechos laborales son irrenunciables, porque hacen a la dignidad de la persona, y rigen para todos, desde el trabajador menos calificado hasta el gerente de la empresa más grande.

¿Y qué pasa con los que trabajan de manera autónoma? Bueno, en este caso ya no existe el amparo de la ley de trabajo (a menos que exista una relación de dependencia encubierta que se pueda demostrar) y es el trabajador/ profesional el que pacta “libremente” los honorarios con el comprador de sus servicios.  Y ahí viene el problema para los traductores en particular, aunque seguramente pasa lo mismo con otras profesiones/ oficios.  Algunas personas no calcularon cuánto sería el monto que le permite vivir dignamente, tienen otro trabajo y la traducción es solo un extra, o sucumben a presión enorme que existe para que cobre poco.  Si hay alguien que piensa que no se debería vivir de la profesión de traducción sería bueno que de una buena razón para ello.

Para que tanto traductores como potenciales compradores de los servicios de traducción hagan las cuentas, voy a ilustrar la situación.

Un traductor traduce entre 2000 y 2500 palabras por día. El mes tiene aproximadamente 20 días hábiles. El traductor tiene derecho a gozar del descanso semanal y de los feriados igual que la persona que teclea sin parar mientras mira el techo. Si decide trabajar los fines de semana, debería cobrar un plus por eso. ¿Pero, el traductor traduce todo el tiempo? No, aunque tenga muchos y excelentes clientes también pasa el tiempo contestando llamadas, respondiendo mails, haciendo cotizaciones, yendo a reuniones, reclamando pagos, etc., todas tareas inherentes a su trabajo que disminuyen la producción. Con lo que, digamos que traduce un 75% del tiempo en el mejor de los casos. Pero además, ¿no merecería tener vacaciones también? Si alguien cree que no las merece o que debido que trabaja vocacionalmente no las necesita, la realidad es que las va a tener de todos modos, porque va a haber meses en que sus clientes sí se las toman y no va a tener trabajo.

Al monto que percibe por sus honorarios hay que hacerle deducciones también. Si es monotributista tiene que pagar la correspondiente cuota, además de la obra social o prepaga. Tiene que ser capaz de comprar y renovar periódicamente una computadora último modelo, una impresora, tinta, resmas de papel. Tiene que tener una conexión a internet banda ancha, sin la cual no puede trabajar, y deducir los gastos de electricidad, teléfono y demás servicios si es que trabaja desde su casa. Si es traductor público, hay que pagar la cuota anual del Colegio de Traductores. Además, siendo un profesional como lo es debería ser capaz de pagar cursos de capacitación o actualización. Va a tener que pagar el mantenimiento de su cuenta bancaria y el impuesto al cheque por todos los pagos que reciba. Si trabaja para el exterior, hay comisiones bancarias para recibir el dinero en Argentina.

Sería bueno tener todo esto presente a la hora de calcular los honorarios porque cobrar o exigir honorarios irrisorios va en contra de la dignidad de la persona pero además hace a la sustentabilidad de la profesión.

La tarea del traductor no es meramente burocrática. Es esencial e irreemplazable para el intercambio comercial entre países/ empresas/ personas, para la difusión de la ciencia, la tecnología y el arte, para que las empresas puedan promocionar sus productos a países extranjeros, además del intercambio cultural y científico. Todas estas actividades son perfectamente lucrativas como para que el traductor cobre tarifas razonables. Por todo esto debe recibir el reconocimiento que corresponde.

En BC Traductoras no convalidamos ni permitimos ninguna situación que vaya en detrimento de la dignidad de las personas o de la profesión.

Nuestros aranceles siguen los parámetros de los sugeridos por el Colegio de Traductores de la Ciudad de Buenos Aires, que se pueden consultar en el siguiente enlace: http://www.traductores.org.ar/aranceles-minimos

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